Gran Canaria ofrece muchos rincones por los que pasear y disfrutar de su naturaleza, y entre toda la belleza que la Isla ofrece, el Jardín Canario se ha convertido en un auténtico referente. Este parque botánico repleto de especies endémicas y con un ecosistema peculiar es una visita obligada en el caso de que decidas pasar unos días en esta Isla.
Si haces una parada en este lugar, puedes comenzar por la parte alta. Resulta emocionante bajar por los caminos, que aunque son empinados, están acondicionados para que el paseo se realice con total seguridad. De esta manera, la bajada se hace divertida y amena a la vez que se aprecian las excelentes condiciones en que se conserva este gran pulmón vegetal de Gran Canaria.
La magia y la ensoñación recorren los caminos de este jardín, dividido en diversas zonas que te envuelven en un plácido paisaje lleno de suaves aromas, como por ejemplo el de la laurisilva.
La plaza de las palmeras es otro enclave típico del Jardín Botánico, donde se puede contemplar la especie autóctona de palmera canaria, que se diferencia del resto por su robustez y su abundancia de hojas arqueadas y verdes oscuras, a las que los canarios han sabido darles numerosos usos para la vida cotidiana.
En el puesto de información puedes pedir un mapa del recinto, el cual te guiará por los diversos caminos. Sabrás dónde estás y qué ves en cada momento. Además, todos los senderos y zonas están bien señalizados, con carteles informativos sobre el tipo de plantas, su origen y su desarrollo.
Enfundarse un buen calzado deportivo y pasear cómodamente por el Jardín Botánico Viera y Clavijo, solo o acompañado, es una grata experiencia que te permitirá disfrutar del ambiente y de la esencia de la naturaleza. Todo un bálsamo relajante en un idílico entorno.






